Los vestigios arqueológicos de la Isla de Ons: rastros de antiguas civilizaciones

Los vestigios arqueológicos de la Isla de Ons- rastros de antiguas civilizaciones

Contenidos

La Isla de Ons suele presentarse como un destino de playas, acantilados y senderos abiertos al Atlántico. Sin embargo, bajo sus caminos, campos y barrios permanece una historia mucho más antigua de lo que puede imaginar quien desembarca por primera vez. Los restos arqueológicos localizados durante las últimas décadas muestran que la isla no fue únicamente un refugio ocasional de pescadores, sino un territorio habitado, explotado y conectado comercialmente con otras zonas del mundo antiguo.

Cuando hablamos de antiguas civilizaciones en Ons debemos hacerlo con cierta precisión. La arqueología no ha documentado la presencia de grandes ciudades monumentales ni de culturas completamente aisladas del continente. Lo que sí ha descubierto es una larga sucesión de comunidades que utilizaron la isla desde la Prehistoria, con una ocupación especialmente importante durante la Edad del Hierro y la época romana.

El Castelo dos Mouros, las instalaciones romanas de Canexol, una sepultura medieval excavada en la roca y los restos de antiguas fortificaciones permiten recorrer siglos de historia sin abandonar la isla. Algunos de estos vestigios resultan visibles, mientras que otros permanecen parcialmente enterrados o solo pueden comprenderse gracias a los materiales expuestos en el Centro de Interpretación.

Las excavaciones desarrolladas desde 2021 han transformado considerablemente el conocimiento sobre Ons. Los trabajos de la Universidade de Vigo y la Xunta de Galicia han confirmado que el Castelo dos Mouros estuvo ocupado durante aproximadamente nueve siglos y que el asentamiento romano se extendía desde el castro hacia la playa de Canexol, donde existieron instalaciones destinadas a la producción de salazones y tinte púrpura.

Una isla ocupada mucho antes de la llegada de Roma

Los indicios más antiguos encontrados en Ons se remontan a la Edad del Bronce. Los hallazgos son dispersos y todavía no permiten reconstruir con detalle cómo vivían aquellas primeras comunidades, pero demuestran que la isla era conocida y utilizada antes del desarrollo de los poblados castreños.

Su posición ayudaba a controlar la entrada de la ría de Pontevedra y proporcionaba acceso a peces, mariscos, tierras cultivables y rutas marítimas. Para una comunidad prehistórica, Ons no era necesariamente un territorio remoto. El mar podía funcionar como vía de comunicación, permitiendo desplazarse entre la isla y los asentamientos costeros mediante embarcaciones sencillas.

La información oficial del Parque Nacional señala la presencia de restos de la Edad del Bronce y de asentamientos vinculados a la cultura castreña. Entre ellos destacan el Castelo dos Mouros, situado sobre Canexol, y el enclave de Cova da Loba, en la zona norte de la isla.

La ausencia de grandes estructuras visibles no significa que estas primeras etapas carezcan de importancia. Las viviendas, herramientas y espacios de trabajo se construían con materiales que podían desaparecer, reutilizarse o quedar ocultos bajo ocupaciones posteriores. Cada fragmento de cerámica o nivel de tierra puede aportar información sobre los alimentos consumidos, las técnicas empleadas y los contactos mantenidos con el continente.

El Castelo dos Mouros, el gran asentamiento castreño de Ons

El principal yacimiento arqueológico de la isla es el Castelo dos Mouros, un poblado fortificado situado en una posición elevada sobre el barrio y la playa de Canexol.

El nombre puede llevar a engaño. Como sucede en muchos lugares de Galicia, la tradición popular utilizó términos como “mouros” para referirse a construcciones antiguas cuyo origen se había olvidado. El yacimiento no fue levantado por musulmanes medievales, sino que hunde sus raíces en la cultura castreña de la Edad del Hierro.

Las investigaciones arqueológicas han identificado una muralla defensiva, terrazas artificiales y viviendas de planta redondeada. Estas construcciones muestran que el asentamiento no era un campamento improvisado, sino un poblado organizado donde varias generaciones desarrollaron su vida cotidiana.

Los habitantes del castro cultivarían pequeñas parcelas, criarían animales, recolectarían moluscos y aprovecharían intensamente los recursos del mar. Su posición permitía vigilar el litoral oriental de la isla y controlar la zona de Canexol, donde posteriormente se desarrollaría una importante actividad romana.

Las campañas arqueológicas localizaron dos cabañas redondeadas de la Edad del Hierro en una de las terrazas intermedias. También aparecieron materiales fechados en torno al siglo I a. C., una etapa especialmente interesante porque coincide con la incorporación progresiva del noroeste peninsular al mundo romano.

Nueve siglos de ocupación continuada

Uno de los descubrimientos más relevantes de los últimos años es la duración de la ocupación del Castelo dos Mouros. Las excavaciones han permitido confirmar que el enclave estuvo habitado a lo largo de aproximadamente nueve siglos.

Esta continuidad no significa que el poblado permaneciera inalterado. Las formas de ocupación fueron cambiando con el tiempo. Los habitantes castreños se concentraron principalmente dentro del espacio protegido por la muralla, mientras que durante la época romana las construcciones se extendieron por las terrazas inferiores y por la ladera que descendía hacia Canexol.

La evolución refleja un cambio profundo en la economía de la isla. El poblado dejó de ser exclusivamente una comunidad fortificada de tradición indígena y pasó a integrarse en una red comercial mucho más amplia.

En lugar de abandonar completamente sus costumbres, los habitantes fueron adaptándose. Continuaron utilizando algunos espacios anteriores, pero incorporaron nuevas cerámicas, técnicas constructivas, recipientes de transporte y formas de producción relacionadas con el mercado romano.

Esta transición ayuda a superar la imagen simplificada de una conquista que sustituye instantáneamente una cultura por otra. En Ons, la arqueología muestra un proceso gradual en el que las estructuras castreñas y romanas se superponen y conviven durante determinados periodos.

La romanización de la Isla de Ons

La llegada de la influencia romana transformó la economía de la isla. Su posición estratégica y la abundancia de recursos pesqueros hicieron de Canexol un lugar apropiado para desarrollar instalaciones destinadas a procesar productos del mar.

Los restos descubiertos incluyen construcciones de época romana, cerámicas, ánforas y estructuras relacionadas con la elaboración de salazones. Las ánforas eran recipientes utilizados para transportar alimentos y otros productos por vía marítima. Su presencia permite relacionar Ons con circuitos comerciales que superaban ampliamente la escala de la ría de Pontevedra.

Los materiales recuperados muestran que los habitantes de la isla utilizaban incluso vajillas finas fabricadas en el norte de África. Este dato indica que Ons no se encontraba al margen del comercio imperial, sino conectada con territorios lejanos mediante una red de puertos, comerciantes y navegantes.

La romanización tampoco debe imaginarse únicamente como la llegada de soldados o administradores. Se manifestó en objetos cotidianos, en nuevos métodos de conservación de alimentos y en una producción orientada a consumidores situados a cientos o miles de kilómetros.

La fábrica romana de salazones de Canexol

La playa de Canexol alberga uno de los yacimientos más importantes de la isla: un complejo romano dedicado al procesamiento y conservación del pescado.

Las fábricas de salazón aprovechaban la abundancia de capturas y la capacidad de la sal para prolongar su conservación. El pescado podía prepararse entero, en piezas o transformarse en salsas fermentadas. Después se introducía en ánforas para distribuirlo a otros puertos.

Las excavaciones han localizado estructuras compatibles con este tipo de actividad industrial. Su proximidad al mar facilitaba la descarga directa de las capturas y el transporte posterior de los productos terminados.

El emplazamiento tampoco estaba aislado. El Castelo dos Mouros se encontraba en la ladera superior, por lo que parte de sus habitantes pudo participar en las labores de pesca, procesamiento y transporte. Las investigaciones actuales plantean que el asentamiento romano se extendía desde el castro hasta las fábricas situadas junto a la playa.

Esta relación convierte el entorno de Canexol en algo parecido a un pequeño paisaje industrial antiguo: viviendas, almacenes, áreas de trabajo y acceso al mar formando parte de un mismo sistema productivo.

El sorprendente taller de púrpura de Ons

Uno de los descubrimientos más llamativos fue la aparición de una acumulación de conchas de múrices. Estos moluscos marinos se utilizaban en la Antigüedad para producir un tinte púrpura muy apreciado.

La elaboración requería recolectar y procesar una enorme cantidad de ejemplares para obtener una pequeña cantidad de colorante. Por este motivo, el tinte púrpura era costoso y acabó asociado al prestigio, el poder y las élites.

La escombrera localizada en Canexol demostró que en Ons no solo se preparaban conservas de pescado. También se desarrollaba una actividad especializada vinculada a la producción de este colorante.

La Xunta identifica el hallazgo como el primer taller de púrpura obtenido de múrices documentado en la península ibérica. Su importancia llevó a denominar Vía dos Múrices al itinerario que conecta los principales elementos arqueológicos e históricos de la isla.

El descubrimiento modifica la imagen tradicional de Ons como un territorio periférico. La producción de púrpura exigía conocimientos técnicos, mano de obra y contactos comerciales capaces de colocar un producto valioso en mercados distantes.

Cova da Loba, el yacimiento menos conocido

En la parte norte de Ons se encuentra otro enclave arqueológico conocido como Cova da Loba. La documentación del Parque Nacional menciona la aparición de restos cerámicos, tejas y abundantes conchas en este lugar.

Su grado de estudio es menor que el del Castelo dos Mouros, por lo que todavía existen dudas sobre su extensión, cronología y función. Los restos podrían estar relacionados con actividades habitacionales, productivas o de aprovechamiento de los recursos marinos.

La presencia de conchas puede indicar consumo de moluscos, procesamiento de productos del mar o la formación de un conchero. Estos depósitos resultan muy valiosos para la arqueología porque permiten estudiar la alimentación, las especies capturadas y las condiciones ambientales del pasado.

Cova da Loba recuerda que el conocimiento sobre Ons continúa incompleto. Bajo la vegetación y las tierras transformadas por siglos de cultivo pueden permanecer nuevos restos capaces de ampliar o corregir la historia conocida.

Las Casitérides y las antiguas rutas del estaño

Las fuentes clásicas hablaron de unas misteriosas islas Casitérides, vinculadas al comercio del estaño en el Atlántico. A lo largo del tiempo se ha planteado que distintas islas gallegas, entre ellas Ons, podrían formar parte de ese territorio mencionado por autores griegos y romanos.

No existen pruebas suficientes para identificar Ons de forma directa con las Casitérides. Además, la isla no posee yacimientos conocidos de casiterita, el mineral del que se obtiene el estaño.

La hipótesis más prudente es que las islas atlánticas pudieran funcionar como referencias de navegación o puntos intermedios en rutas comerciales relacionadas con minerales procedentes del continente. La propia documentación del Parque Nacional señala que, en caso de existir esta relación, Ons habría actuado como lugar de intercambio y no como zona productora.

Este episodio demuestra la necesidad de separar arqueología y leyenda. Las historias sobre navegantes antiguos resultan atractivas, pero deben apoyarse en hallazgos materiales antes de presentarse como hechos confirmados.

La Laxe do Crego, una tumba medieval junto al mar

En la playa de Area dos Cans se conserva uno de los vestigios más singulares de la Isla de Ons: la Laxe do Crego, también conocida como Laxe do Cura.

Se trata de una sepultura antropomorfa excavada directamente en una roca. Su forma reproduce aproximadamente el contorno de un cuerpo humano, con una zona diferenciada para la cabeza.

La tumba se relaciona con la ocupación medieval de la isla y con la posible existencia de comunidades religiosas. Las fuentes históricas mencionan una iglesia dedicada a San Martiño y la presencia posterior de un monasterio, aunque no se conservan restos arquitectónicos claros de estos edificios.

La localización de la sepultura, próxima al mar y visible según el estado de la marea, ha favorecido la aparición de numerosos relatos populares. Su nombre se asocia tradicionalmente a un sacerdote o monje, aunque la identidad de la persona enterrada permanece desconocida.

No debemos caminar sobre la tumba, tocarla de manera innecesaria ni intentar limpiarla. La erosión marina ya actúa continuamente sobre la roca y cualquier presión adicional contribuye a su desgaste.

La primera referencia escrita a Ons

La arqueología permite reconstruir las etapas más antiguas, pero a partir de la Edad Media comienzan a aparecer también documentos escritos.

La primera mención conocida se remonta al año 899, cuando el rey Alfonso III habría donado la llamada “isla Aones” al obispado de Santiago. La concesión fue ratificada posteriormente durante otros reinados.

El documento menciona una iglesia de San Martiño, aunque no aporta información suficiente para conocer el tamaño o la estabilidad de la población existente.

Estas referencias permiten conectar los restos arqueológicos con una estructura política y religiosa más amplia. Ons formaba parte de territorios controlados por instituciones eclesiásticas y nobiliarias, aunque su aislamiento y la amenaza de incursiones dificultaron una ocupación continuada en determinados periodos.

Piratas, corsarios y periodos de abandono

La posición de Ons, a la entrada de la ría de Pontevedra, también la exponía a ataques marítimos. Durante la Edad Moderna, corsarios ingleses y piratas procedentes de distintos puntos del Atlántico y del Mediterráneo amenazaron las costas gallegas.

Las incursiones, saqueos e incendios contribuyeron a la huida temporal de parte de la población. La documentación del Parque Nacional relaciona estos episodios con periodos de despoblamiento entre los siglos XVI y XVIII.

La falta de habitantes permanentes no significó necesariamente un abandono total. La isla pudo continuar utilizándose para la pesca, el pastoreo, la agricultura estacional o como refugio puntual.

Estos periodos resultan más difíciles de rastrear arqueológicamente porque muchas construcciones fueron reutilizadas, arruinadas o desmanteladas para levantar edificios posteriores.

Las fortificaciones del siglo XIX

En 1810, durante la Guerra de la Independencia, se decidió fortificar Ons para proteger la entrada de la ría de Pontevedra. Se construyeron dos posiciones defensivas: una en la zona de Pereiró y otra próxima a O Curro, conocida como Castelo da Roda.

De estas fortificaciones quedan restos limitados. Muchas piedras fueron reutilizadas por los habitantes para construir o reparar viviendas, muros y otras estructuras.

Aunque sean mucho más recientes que el castro o la fábrica romana, también forman parte del registro arqueológico de la isla. La arqueología no estudia únicamente la Prehistoria y la Antigüedad; también analiza las transformaciones sociales, militares e industriales de los últimos siglos.

Las baterías defensivas se incluyen actualmente entre los puntos de interés de la Vía dos Múrices.

La Vía dos Múrices: una ruta por la historia de Ons

La mejor forma de aproximarse al patrimonio arqueológico de la isla es recorrer la Vía dos Múrices, un itinerario interpretativo de unos 5,5 kilómetros.

La ruta conecta la Laxe do Crego, la fábrica romana de Canexol, el Castelo dos Mouros y las antiguas fortificaciones. Los paneles explicativos y códigos QR ayudan a interpretar unos restos que, sin contexto, pueden parecer simples muros, depresiones del terreno o acumulaciones de piedra.

El itinerario no debe entenderse como una visita a un parque arqueológico completamente excavado. Ons sigue siendo un espacio natural vivo, con barrios, campos y senderos donde el patrimonio aparece integrado en el paisaje.

Conviene realizar el recorrido con calzado cómodo, agua y tiempo suficiente. También debemos permanecer en los caminos autorizados y respetar las zonas de excavación, aunque parezcan temporalmente inactivas.

El museo arqueológico de Ons

Desde marzo de 2024, el Centro de Interpretación dispone de una sala permanente dedicada a la arqueología de Ons. Se trata del primer espacio museístico de la isla centrado específicamente en sus hallazgos patrimoniales.

La exposición permite contemplar objetos recuperados durante las excavaciones y comprender mejor la relación entre el castro, las fábricas romanas y las rutas comerciales antiguas.

Entre los materiales y explicaciones se incluyen referencias a la vajilla importada, las salazones, la producción de púrpura y la vida cotidiana de las primeras comunidades insulares. El acceso a la sala fue planteado como gratuito y complementario al recorrido exterior.

Visitar el museo antes de realizar la ruta puede mejorar mucho la experiencia. Después de observar ánforas, cerámicas y reconstrucciones, los restos del terreno resultan más fáciles de interpretar.

Las nuevas excavaciones siguen cambiando la historia

La arqueología de Ons no es una investigación cerrada. Las campañas arqueológicas recientes continúan centradas en la terraza intermedia del Castelo dos Mouros y en el espacio exterior de su muralla.

El objetivo es comprobar si existen nuevas fases de ocupación y ampliar el conocimiento sobre la expansión romana hacia Canexol. Los sondeos previos detectaron parte de un edificio romano fuera del recinto castreño, lo que reforzaba la hipótesis de que el asentamiento descendía por la ladera.

Cada campaña puede modificar las cronologías conocidas, descubrir nuevas viviendas o revelar espacios productivos que todavía permanecen ocultos.

Por eso conviene desconfiar de las explicaciones demasiado definitivas. Lo que hoy se interpreta como un área residencial podría relacionarse mañana con un taller, un almacén o una instalación especializada después de analizar nuevos materiales.

Cómo visitar los restos sin dañarlos

Todos los elementos arqueológicos de Ons forman parte del patrimonio protegido. No está permitido retirar piedras, recoger cerámicas, introducirse en los sectores excavados ni mover objetos aparentemente sueltos.

Un fragmento de cerámica fuera de contexto puede perder gran parte de su valor científico. Para un visitante será únicamente un trozo antiguo, pero para un arqueólogo su posición exacta permite relacionarlo con una construcción, una fase de incendio o un determinado momento histórico.

Si encontramos un objeto que pudiera tener interés arqueológico, debemos dejarlo en el mismo lugar y comunicarlo al personal del Parque Nacional.

Tampoco debemos subirnos a los muros para fotografiarnos. Las construcciones antiguas pueden parecer resistentes, pero la pérdida de una sola piedra facilita la entrada de agua y acelera su deterioro.

Preguntas frecuentes sobre los restos arqueológicos de Ons

¿Cuál es el principal yacimiento arqueológico de Ons?

El Castelo dos Mouros, un poblado fortificado de origen castreño que continuó ocupado durante la época romana. Las excavaciones han confirmado una secuencia de aproximadamente nueve siglos.

¿Qué encontraron los romanos en Ons?

La isla ofrecía recursos pesqueros, una posición estratégica y acceso directo a las rutas marítimas. En Canexol se instalaron fábricas de salazón y un taller relacionado con la producción de tinte púrpura.

¿Dónde se encuentra la fábrica romana de salazones?

En el entorno de la playa de Canexol, bajo la ladera en la que se localiza el Castelo dos Mouros.

¿Qué eran los múrices?

Moluscos marinos utilizados para producir un tinte púrpura muy valioso. En Canexol apareció una acumulación de sus conchas vinculada a un antiguo taller.

¿Se puede visitar el Castelo dos Mouros?

Puede conocerse siguiendo los caminos y las indicaciones de la Vía dos Múrices. No está permitido entrar en áreas cerradas ni pisar las estructuras excavadas.

¿Qué es la Laxe do Crego?

Una sepultura antropomorfa medieval excavada en una roca de la playa de Area dos Cans. Se relaciona tradicionalmente con la presencia de religiosos en Ons.

¿Existió un monasterio en la isla?

Las fuentes históricas hablan de una iglesia y de una posible comunidad monástica medieval, aunque no se conservan restos claros de sus edificios.

¿Ons formó parte de las islas Casitérides?

No puede afirmarse con certeza. Se ha propuesto su relación con las rutas antiguas del estaño, pero no existen pruebas que permitan identificarla directamente con las Casitérides.

¿Hay un museo arqueológico en Ons?

Sí. El Centro de Interpretación cuenta desde 2024 con una sala permanente y gratuita dedicada a los hallazgos arqueológicos de la isla.

¿Puedo recoger un fragmento de cerámica si lo encuentro?

No. Debe dejarse exactamente donde está y comunicarse al personal del Parque Nacional. Retirarlo destruye parte de la información arqueológica asociada a su posición.

Los vestigios arqueológicos de la Isla de Ons muestran que su aislamiento nunca fue absoluto. Los pobladores castreños levantaron viviendas y murallas, las comunidades romanizadas procesaron pescado y fabricaron púrpura para mercados lejanos, los religiosos medievales dejaron tumbas excavadas en la roca y las autoridades del siglo XIX construyeron baterías para defender la ría. Bajo el paisaje que hoy recorren los visitantes permanece una isla conectada durante siglos con las rutas comerciales, políticas y culturales del Atlántico.

Scroll al inicio