Relatos históricos y memoria de un enclave estratégico
La Isla de Ons, hoy conocida por su valor natural y su integración en el Parque Nacional Marítimo-Terrestre das Illas Atlánticas de Galicia, fue durante la Guerra Civil Española (1936–1939) un enclave de importancia estratégica, social y humana. Su posición frente a la ría de Pontevedra, su tradición marinera y su relativa aislación la convirtieron en escenario de vigilancia militar, tránsito marítimo controlado, episodios de represión y supervivencia cotidiana para una población civil que quedó atrapada entre el conflicto y el mar.
A lo largo de este recorrido histórico abordamos el papel de la isla en el contexto bélico, la vida de sus habitantes, las estructuras militares instaladas, los relatos orales transmitidos durante generaciones y el legado que aún pervive en el paisaje y en la memoria colectiva.
Contexto estratégico de la Isla de Ons en el conflicto
La costa gallega adquirió relevancia militar desde los primeros días del conflicto. La ría de Pontevedra era una vía de acceso clave para el transporte marítimo, la pesca y la posible llegada de suministros o embarcaciones extranjeras. En este escenario, la Isla de Ons funcionaba como punto de observación natural y control del tráfico marítimo.
Desde los puntos elevados de la isla se domina visualmente gran parte de la ría y el litoral atlántico, lo que permitía detectar movimientos de barcos, luces nocturnas y cambios en las rutas de navegación. Esta capacidad convirtió a Ons en un lugar idóneo para instalar puestos de vigilancia y observación costera.
Presencia militar y control del litoral
Durante la guerra se establecieron en la isla destacamentos de vigilancia dependientes de las autoridades franquistas, encargados de controlar el tráfico marítimo y evitar posibles desembarcos, contrabando o fugas por mar. Aunque no se construyeron grandes fortificaciones permanentes, sí existieron puestos temporales, refugios improvisados y zonas de acuartelamiento básico.
Los soldados convivían con la población local, utilizando viviendas requisadas, almacenes de pesca y espacios comunales para alojarse y almacenar material. La presencia militar alteró profundamente la dinámica cotidiana de la isla, sometiendo a los habitantes a registros, controles de movimientos y vigilancia constante.
La vida civil en una isla bajo vigilancia
Antes de la guerra, la Isla de Ons contaba con una población estable dedicada a la pesca, la agricultura de subsistencia y la ganadería doméstica. La llegada del conflicto no supuso un frente de batalla directo, pero sí transformó la isla en un espacio de aislamiento forzado y control social.
Las familias continuaron trabajando el mar y la tierra, pero bajo restricciones de horarios, rutas de navegación limitadas y supervisión militar. Las salidas a faenar podían ser revisadas, y el retorno debía justificarse, lo que afectaba directamente a la economía familiar.
La escasez de productos básicos, agravada por la guerra y el aislamiento, obligó a la población a reforzar el autoconsumo, aumentando el cultivo de huertos, la cría de animales y el intercambio interno entre vecinos.
Represión, detenciones y episodios de miedo
Como ocurrió en muchas zonas rurales de Galicia, la guerra trajo consigo una represión política silenciosa pero persistente. Algunos vecinos de Ons fueron detenidos, interrogados o trasladados al continente bajo sospecha de simpatizar con la República o de colaborar en actividades consideradas subversivas.
La isla, por su aislamiento, también fue utilizada como lugar de paso o retención temporal antes de traslados a prisiones del interior. Estos episodios dejaron una huella profunda en la memoria de las familias, transmitida durante décadas a través de relatos orales.
El miedo se convirtió en parte de la vida cotidiana, con silencios prolongados, desconfianza entre vecinos y una fuerte autocensura que persistió incluso después del final del conflicto.
El mar como vía de escape y de riesgo
Para algunos, el mar representó una posible vía de huida, aunque extremadamente peligrosa. Existen testimonios de intentos de escape nocturnos hacia la costa continental, aprovechando la oscuridad y el conocimiento de las corrientes locales.
Sin embargo, la vigilancia costera y la dureza del Atlántico convertían estas travesías en empresas de alto riesgo. El control marítimo era estricto, y cualquier embarcación sospechosa podía ser interceptada.
Para la mayoría de los habitantes, el mar siguió siendo ante todo una fuente de subsistencia, aunque marcada por la tensión constante de los controles y la incertidumbre.
Infraestructuras y huellas físicas del conflicto
A diferencia de otros enclaves costeros fortificados, la Isla de Ons no conserva grandes búnkeres de hormigón visibles, pero sí existen restos de estructuras menores, explanaciones artificiales y modificaciones del terreno asociadas a usos militares.
Algunos caminos actuales siguen trazados que fueron ampliados durante el conflicto para facilitar desplazamientos de vigilancia. También se documentan zonas donde se instalaron puestos de observación camuflados, aprovechando rocas y vegetación para ocultar la presencia militar.
Estas huellas, hoy integradas en el paisaje natural, forman parte del patrimonio histórico no monumental, pero sí significativo para comprender el uso estratégico del territorio.
Relatos orales y memoria transmitida
Gran parte de la información sobre la guerra en la Isla de Ons procede de la tradición oral, conservada por descendientes de las familias isleñas. Historias de registros nocturnos, de soldados alojados en casas particulares, de barcos vigilados desde los altos de la isla y de vecinos desaparecidos forman parte del relato colectivo.
Estos testimonios aportan una visión humana del conflicto, centrada en la experiencia cotidiana de la población civil, más allá de los grandes movimientos militares.
La memoria de la guerra en Ons se construye desde la vida diaria: el miedo, la escasez, la vigilancia y la resiliencia de una comunidad pequeña enfrentada a un conflicto ajeno, pero imposible de ignorar.
La posguerra: continuidad de la vigilancia y aislamiento
Tras el final oficial de la guerra, la isla continuó bajo control administrativo estricto, con presencia ocasional de autoridades y mantenimiento de ciertas restricciones. La posguerra trajo consigo hambre, dificultades económicas y emigración progresiva hacia el continente.
Muchos jóvenes abandonaron la isla en busca de trabajo, mientras que quienes permanecieron mantuvieron un modo de vida autosuficiente, apoyado en la pesca y la agricultura.
La represión política dejó secuelas sociales duraderas, con familias marcadas por antecedentes, silencios forzados y estigmatización, que condicionaron relaciones vecinales durante años.
La transformación de la isla en la segunda mitad del siglo XX
Con el paso de las décadas, la Isla de Ons inició un lento proceso de apertura al turismo, aunque manteniendo su carácter habitado y productivo. La creación del parque nacional supuso un nuevo modelo de gestión, centrado en la conservación y el uso público regulado.
Este cambio permitió recuperar parte de la memoria histórica desde una perspectiva patrimonial, integrando el pasado bélico en el relato cultural de la isla, aunque todavía de forma discreta y poco visible para el visitante medio.
Las rutas actuales atraviesan espacios que fueron transitados por soldados y vecinos durante la guerra, aunque sin señalización específica de estos episodios.
La importancia de la Isla de Ons en la historia local de la ría de Pontevedra
La experiencia de Ons durante la Guerra Civil se inserta en un contexto más amplio de control costero, represión política y reorganización social en toda la ría de Pontevedra. Puertos, astilleros, bateas y rutas marítimas estuvieron bajo vigilancia permanente.
La isla formó parte de una red de enclaves estratégicos que incluía faros, cabos y puertos menores, todos ellos implicados en el control del litoral y del tráfico marítimo durante el conflicto.
Este papel, aunque menos visible que en grandes ciudades, fue fundamental para el dominio territorial del régimen franquista en el noroeste peninsular.
Patrimonio histórico y necesidad de divulgación
El pasado bélico de la Isla de Ons no se presenta hoy de forma explícita al visitante, pero constituye una capa esencial de su identidad histórica. Integrar estos relatos en programas educativos, rutas interpretativas y proyectos de memoria permitiría comprender la isla más allá de su valor natural, reconociendo también su dimensión humana y social.
La recuperación de testimonios, documentos y restos materiales es clave para evitar que estos episodios queden relegados al olvido, especialmente en comunidades pequeñas donde la transmisión oral ha sido el principal vehículo de memoria.
Paisaje, historia y resiliencia
El paisaje actual de Ons, con sus playas, senderos y aldeas, es también el escenario de una historia de resistencia silenciosa, adaptación y supervivencia. Bajo la imagen de paraíso natural se esconde la huella de un tiempo de miedo, control y escasez, superado gracias a la cohesión social y al vínculo profundo con el territorio.
Cada camino, cada campo cultivado y cada casa tradicional forma parte de una narrativa que une naturaleza e historia, mostrando cómo las comunidades costeras afrontaron uno de los periodos más difíciles del siglo XX.
Una isla marcada por el mar y por la historia
La Isla de Ons durante la Guerra Civil no fue un campo de batalla, pero sí un espacio de vigilancia, represión y resistencia cotidiana, donde la población civil soportó las consecuencias de un conflicto que alteró para siempre la estructura social del país.
Comprender este pasado permite mirar la isla con una perspectiva más completa, valorando no solo su riqueza natural, sino también la memoria de quienes vivieron allí tiempos de incertidumbre, manteniendo su modo de vida frente a la adversidad.
La historia de Ons durante la guerra forma parte inseparable del patrimonio cultural de las Rías Baixas y de la memoria colectiva de Galicia, un legado que merece ser conocido, respetado y preservado junto al paisaje que hoy disfrutamos.
